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domingo, 21 de abril de 2013

Manzanilla o vino fino

Hoteles junto a la Giralda, Hotel Boutique Elvira Plaza, Os habla de los caldos nobles que se beben en la feria.

Estos vinos tradicionales andaluces acompañan a la Feria desde sus inicios. El vino fino es originario del marco de D.O. del Jerez (Jerez de la Fra. y El Puerto de Santa María) y la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, se consume en cantidades astronómicas durante toda la semana que dura la fiesta, ya sea de forma refrescante o también para calmar el apetito acompañado de alguna ración de gambas, jamón, queso, chacinas, el pescado frito, la famosa tortilla española (de patatas), aunque también hay otros platos de guisos con todas las legumbres de toda la vida.

En la última década se está imponiendo el "rebujito", otra bebida refrescante inventada por los que quieren "aguantar" más tiempo entre sus amistades y familiares, se trata de la combinación entre manzanilla y una bebida gaseosa con ligero sabor a lima, para rebajar la graduación de alcohol acompañado de mucho hielo.

Aunque también se puede consumir cerveza para los incondicionales de esta bebida y otras bebidas sin alcohol que permiten estar más tiempo con todos los sentidos que con los típicos finos y manzanillas.

Fuente: Varios

sábado, 20 de abril de 2013

Historia de Las "casetas"

Hoteles junto al Archivo de Indias, Hotel Boutique Elvira Plaza, les acerca a los orígenes de las casetas y su historia.


En los primeros tiempos de la feria, al estar relacionada con la venta de ganado, lo que se calificaba de caseta era el equivalente a un establo. En la correspondiente al año 1849 el Ayuntamiento montó la primera caseta tal como se entiende el término ahora. Su estilo era el de una tienda de campaña, con la intención de vigilar y mantener el orden público, que cambió al poco tiempo debido al ambiente festivo que allí existía. Un año después se colocaron otras casetas con diversos elementos de ocio, alimenticios y otras utilidades.

Con el transcurso de los años, familias y algunas instituciones quisieron disfrutar más tiempo de ese espacio que se aventuraba anual, eso hizo que el número de casetas fuese en aumento, cada cual la adornaba a su antojo quedando todo muy pintoresco, adquiriendo formas morunas, circulares, militares... Fue en el año 1919 cuando se consiguió cierta uniformidad en el estilo, basandose en un diseño realizado por el pintor Gustavo Bacarisas. La uniformidad total se consiguió en el año 1983 cuando se establecieron normas para el montaje.

Cada caseta está compuesta por una estructura de tubos enganchados unos a otros recubiertos por una lona con listas en colores verdiblanco o rojiblanco de unos 10 cm de ancho, la parte externa tiene como principales objetos decorativos la pañoleta, coronando la fachada adornada con dibujos o motivos barrocos tradicionales o regionales y conteniendo el nombre de la caseta o un elemento identificativo, o las dos cosas al mismo tiempo, y la barandilla, que hace de "terraza" al mismo tiempo.

Las cortinas de la entrada a la caseta deben estar cubiertas obligatoriamente de material ignífugo. En el interior existe una división realizada por unas simples cortinas en dos partes, la perteneciente a la entrada al espacio, está decorada a gusto de los responsables de la caseta, sin motivo publicitario alguno, es la llamada "parte noble", aquí debe existir un "suelo de tablas", aunque muchas casetas lo tienen hormigonado, pero no es impedimento para colocar una tarima que sirva para el baile. El acceso al interior o la trastienda no debe estar oculto por nada.

Los motivos decorativos sirven para además de llevarse algunos de los diversos premios que el Ayuntamiento otorga a las casetas, también son para mostrar características particulares de los responsables de la caseta en sí.

En la actualidad el número de casetas que conforman la Feria asciende a 1047.

Los sevillanos que tienen casetas propias, (no todas las casetas son propiedad de sevillanos, muchas son gestionadas por empresas) hacen de la caseta un trozo más de su propia vivienda donde reciben a los distintos grupos de amigos, familiares, conocidos e invitados, todos tratados con la misma cordialidad en un ambiente amigable y de relajación, donde se les invita a probar los dispares alimentos y vinos de la región, al tiempo que existe un ambiente musical muy típico de la época como son las sevillanas y hay hasta quien se arranca a cantar y bailar bajo los sones de las distintas melodías ambientales.

Muchas de las casetas no permiten el acceso al interior si no es previa muestra de invitación o compañía de un socio de la caseta. A los visitantes de la feria que no tienen donde acudir se les invita a pasar por las casetas que tienen acceso libre, como son las múltiples casas regionales, los sindicatos y partidos políticos y los distritos de la ciudad. Para identificarlas se puede acudir a la caseta de información situada justo al lado de la portada donde se puede solicitar un plano de la Feria, con una relación detallada de las casetas existentes o la ubicación de una caseta en concreto.




Fuente: Varios

www.hotelelviraplaza.com

martes, 16 de abril de 2013

Comer en la Feria

Hoteles junto al Real Alcazar, Hotel Boutique Elvira Plaza, os habla de la cultura del comer en la Feria.

Comer y beber es uno de los principales placeres que disfruta todo visitante de la Feria. Todas las casetas y multitud de puestos ambulantes, ofertan una amplia gama de manjares que permiten al público satisfacer su apetito o su sed en cualquier momento del día.

Sin duda, el primer gran encuentro gastronómico de la Feria es la llamada "noche del pescaíto". Esta cena, incorporación reciente a los usos tradicionales de la ciudad, queda restringida sólo a los socios de las casetas y se celebra el lunes para recibir la fiesta y confraternizar entre ellos. Suele durar hasta poco después de la "prueba del alumbrado" de la portada y el Real, siendo esto alrededor de la medianoche. El plato estrella de esta cena, como su propio nombre indica, es el pescado frito. Es costumbre servir una selección de pescados frescos, tales como las pijotas, boquerones, pescada, acedías, adobo y calamares.

Junto al pescado, se sirven como entremeses o acompañándolo distintos platos, que pueden variar según la caseta que se trate. Como norma general no faltará el jamón ibérico o de Jabugo, las chacinas ibéricas o los langostinos de Sanlúcar. Todos estos platos se acompañan con manzanilla o con cualquier otra bebida al gusto (cerveza, refresco o el "rebujito"). Sin embargo, el vino tradicional de la feria es el fino de Jerez, que por su mayor sequedad ha ido perdiendo espacio frente a la más ligera manzanilla de Sanlúcar de Barrameda.

El resto de días se puede seguir disfrutando de la amplia y variada oferta culinaria existente. Para el almuerzo es costumbre que en cada caseta se prepare un “guiso” del día. Entre ellos se podrá encontrar mucha variedad, como las papas con chocos, los garbanzos con bacalao, la caldereta y así un sin fin de platos típicos andaluces. También existe para los menos amigos del cuchareo, otras exquisiteces tales como chacinas ibéricas, gambas de Huelva, revueltos, salmorejo cordobés , pimientos fritos, montaditos y por supuesto la famosa y exquisita tortilla española o tortilla de patatas.

La hora del almuerzo en la Feria no suele existir, aunque por norma general será tarde, entre las 15.00 y las 15.30 o incluso las 16.00. El motivo de esto es que todos los días, de lunes a viernes de la semana de Feria, son laborables en la ciudad, con lo cual la gente se incorpora al Real una vez han salido de sus trabajos y han conseguido llegar hasta el recinto ferial. Los que no tienen, por distintas razones, que trabajar esos días o los visitantes foráneos, podrán empezar el aperitivo un poco antes, aun así no es normal comenzar a almorzar antes de las 13.30. Es muy habitual, sobre todo los primeros días, que grupos de amigos o compañeros de trabajo queden para comer en la Feria. Son momentos agradables de confraternización fuera de lo que es la rutina diaria, que se aprovechan para charlar, contar anécdotas o simplemente disfrutar de la compañía en un ambiente distinto al de todos los días. Con frecuencia estas comidas desembocan en una larga sobremesa que puede alargarse hasta empalmar con la noche.

La cena, si existe (ya que a veces simplemente se empieza a picar a media tarde y se continúa hasta la noche), no suele variar mucho en contenido respecto al almuerzo, si bien no se suele servir el guiso del día. Para altas horas de la noche, cuando el continuo beber empieza a provocar algunos estragos en algunos cuerpos, nada mejor que tomar un caldito del puchero. Este reconstituyente se suele servir acompañado de una ramita de hierbabuena.

Los buñuelos o los churros, llamados en Sevilla "calentitos", acompañados de chocolate caliente, son otra de las tradiciones del feriante. Una vez que emprendemos el viaje de retorno se puede parar en los puestos de buñuelos. En estos puestos, regentados por familias gitanas, se puede disfrutar de la pintoresca estampa de las mujeres ataviadas con bonitos delantales de color blanco inmaculado, friendo los buñuelos en enormes peroles de aceite hirviendo a la antigua usanza, mientras otros miembros de las familias los sirven en mesas dispuestas para su consumo. Igualmente existe la opción de llegar hasta uno de los múltiples puestos de churros que se encuentran de la Feria al centro de la ciudad y paladear el último bocado antes del merecido descanso. 

Fuente: Varios

lunes, 15 de abril de 2013

Historia de la Feria

Hoteles cerca del Archivo de Indias, Hotel Boutique Elvira Plaza, os desgrana la historia de la Feria de Abril.

Los orígenes de la Feria de Abril se encuentran en el 25 de agosto de 1846 cuando dos empresarios asentados en la ciudad, Narciso Bonaplata (catalán) y José María de Ybarra (vasco), redactaron una propuesta que llevaron al Cabildo Municipal pidiendo que le autorizaran durante los días 19, 20 y 21 de Abril para celebrar una feria anual, permiso que les fue concedido después de unos "tiras y aflojas" con el alcalde Conde de Montelirio, que pensaba que ya existían otras dos ferias muy próximas, la ganadera de Mairena del Alcor (cuya Feria es la más antigua de Andalucía, desde 1441, y primera en celebrarse, una semana antes que la de Sevilla),y la de (Sanlúcar la Mayor)que fue creada por Fernando IV,la segunda feria más antigua de la provincia,y la tercera en celebrarse por detras de la de Sevilla que velarían el éxito que prometían los dos organizadores. En marzo de 1847, la reina Isabel II concedió a Sevilla el privilegio de feria, celebrándose un mes más tarde la primera de la ciudad con la duración de los tres días expresados.

El Cabildo Municipal vio que la idea del vasco y el catalán era buena y además estaba secundada por numerosos ganaderos y agricultores. Ahí es cuando comienza la primera Feria de Abril sevillana.

La primera feria ganadera se ubicó en el Prado San Sebastián, en esos tiempos este espacio se encontraba en las afueras de la ciudad, en el presente es uno de los lugares más céntricos de la capital, codeándose con la Fábrica de Tabacos (actual Universidad de Sevilla) que era el único edificio que estaba levantado por esas fechas, mucho más tarde se edificarían la Plaza de España y también se colocaría el monumento a Rodrigo Diaz de Vivar, "El Cid Campeador". Contaba con un total de 19 casetas y fue tan grande el éxito obtenido que pocos años más tarde, en 1850, hubo que separarse lo que era la mercadería del ganado y el espacio para la diversión.

En 1896 se ubicó en la zona la denominada Pasarela, una estructura de hierro, que servía de paso elevado sobre el recinto ferial, tenía cuatro escaleras de acceso y un quiosco central en la confluencia de las mismas que era adornada con globos de luz blanca durante los días que duraba la fiesta. Esta estructura se desmontó en 1921 con motivo del ensanche de la calle San Fernando. A partir de entonces como recuerdo de la pasarela se comenzó a instalarse anualmente una portada de entrada a la Feria.

Visto el éxito de sus primeras vísperas, al Ayuntamiento se vio obligado a ir ampliando el lugar de celebración y la publicidad de la ocasión, en 1890 es editado el primer cartel oficial anunciador de la feria, en 1910 se difunden folletos divulgativos. El año 1914 los tres días se convierten en cinco, la añadidura del sexto día de feria se produciría en 1952.

A partir de la década de 1920 la feria se empieza a parecer a lo que es ahora, una ciudad artificial y efímera de sólo unos días de duración donde se instalan casetas para el regocijo de los visitantes foráneos y autóctonos, vendedores, juerguistas, curiosos, artistas y famosos.

Durante años el recinto de la feria se conoció como "la Pasarela", debido a una estructura existente que era utilizada para cruzar la calle, hasta el año 1973 que fue preciso reubicar las casetas por las distintas demandas, de feriantes, organismos y público, el espacio se quedó pequeño y su lugar de asentamiento fue el barrio de Los Remedios, una zona casi rectangular con una medida de 1,5 km por 600 m, con nombre propio el "Real de la Feria", con calles que fueron bautizadas con nombres de toreros de todas las épocas, adornadas de farolillos de distintos colores que iluminan la oscuridad de la feria cuando cae la noche.

Como la feria no deja de "crecer" se ha especulado que en un plazo próximo cambie nuevamente de ubicación a un lugar de mayores dimensiones, uno de los lugares estudiados, es la zona conocida como el Charco de la Pava, antigua zona de aparcamientos de la Expo92, utilizados en la actualidad como aparcamientos de la Feria, siendo el mayor problema de estos, el que es una zona inundable.

La primera portada que se levanta en la Feria data del año 1949, cada año la portada está dedicada a algún acontecimiento importante, monumento o edificio de la ciudad, pudiendo alcanzar una altura cercana a los 50 m de arcos y torres con cierto toque de arquitectura regionalista, y puede ser observada tanto de día como de noche gracias a los varios miles de bombillas que la iluminan. No obstante, el origen de las portadas en la Feria se remonta casi a sus orígenes, pues llegó a convivir hasta 1868 con la llamada Puerta de San Fernando de la antigua muralla. Posteriormente ejerció como portada la propia Pasarela (eliminada en 1921). La reproducción de monumentos sevillanos evoluciona, poco a poco, hacia una mayor libertad temática, como en la última de 2010, dedicada al centenario del primer vuelo en Tablada o las conmemorativas de los centenarios de los equipos de fútbol sevillanos. El punto de partida de la fiesta se inicia en primer lugar con la noche del pescaíto, cena previa al alumbrado o alumbrao cuyo plato principal es pescado frito acompañado del característico vino fino o la manzanilla. Después se prepara todo para el alumbrao, esto es el encendido de las miles de bombillas de la portada y calles del recinto. Se realiza oficialmente a la medianoche del lunes al martes. El punto final es el domingo siguiente con el apagado de las bombillas de la portada y acompañado momentos después por un castillo de fuegos artificiales. El lunes referido es el lunes de dos semanas posteriores a la finalización de la Semana Santa en Sevilla, excepto si eso obligara a que la Feria fuese en mayo, en cuyo caso caso sólo transcurre una semana entre una fiesta y otra. El número total de bombillas que iluminan la Feria asciende a un total aproximado de 350000 cubiertas por sus peculiares farolillos venecianos de colores verde, blanco y rojo, consiguiendo con esto una vistosidad y luminosidad muy peculiar. En las bifurcaciones de las distintas calles estas bombillas están dispuestas en forma de paraguas, que culminan en un alto mástil, aquí no las recubren los farolillos.