martes, 12 de noviembre de 2013

Las entrañas del Retablo Mayor

Hotel Boutique Elvira Plaza les propone descubrir todos los secretos del Retablo Mayor de la Catedral.

Un estudio revela que su grandeza no sólo es estética, sino que esconde una gran obra de arquitectura calificada de verdadero ingenio estructural.

Si el Giraldillo fue descubierto en su última restauración como un ingenio mecánico, el retablo mayor de la Catedral es un ingenio estructural en función de las conclusiones de la investigación que se ha realizado de sus entrañas, practicada con motivo de la gran restauración aún en curso. Este retablo mayor no es una obra meramente decorativa con fines didácticos sobre pasajes evangélicos, que sin duda lo es y es su función inicial; sino también toda una obra de arquitectura en la que distintos tipos de carpintería, sobre todo la de ribera, tienen un papel fundamental. Mucho se pondera siempre la labor de canteros, pintores, herreros y escultores al hablar de la fábrica y características de la Catedral, pero muy poco la de los carpinteros. El retablo por dentro es una obra de arte y de arquitectura al mismo tiempo que combina distintos tipos de madera, como ha logrado demostrar el arquitecto Fernando Guerra-Librero, arquitecto director de los trabajos que, por encargo del Cabildo, afronta la restauración, un proyecto que está previsto que concluya tras la próxima Semana Santa. Guerra-Librero, restaurador también de profesión, ha medido y dibujado el retablo como nunca se había hecho antes. Hace pocos días expuso el resultado de su investigación en el Aula Hernán Ruiz, que celebraba su vigésima edición. Guerra-Librero ha estudiado y restaurado retablos en toda España (en Sevilla, por ejemplo, los San Clemente y Santa Paula) y ha intervenido en muchas restauraciones en la Catedral de Sevilla. Las estructuras de los retablos son su predilección, como explicó a este periódico: "Siempre que la estructura sirve para sujetar, se puede hablar de arquitectura. Porque si no sujeta, no es arquitectura". Su objetivo ha sido que se valore que el arte del retablo mayor no se acaba en lo que se ve, también hay verdadero arte en lo que está detrás de la impresionante obra del altar mayor. "La estructura del retablo mayor de Sevilla es única, por sus soluciones técnicas, por los recursos que se emplean y, por supuesto, por su tamaño".

Guerra Librero exalta el papel de quienes concibieron el esqueleto de este retablo, tal como afirma en las conclusiones por escrito de su minucioso estudio: "La maestría de sus constructores y los profundos conocimientos estructurales que demuestran tal como era exigible en ese momento para alcanzar la máxima categoría carpintera, que, lejos de ser considerados únicamente carpinteros, deben ser entendidos como verdaderos expertos capaces de crear estos sorprendentes ingenios estructurales". Explica la cronología de la construcción de este interior desconocido por la inmensa mayoría de los visitantes del primer monumento de la ciudad. De una concepción inicial gótica se evolucionó a la aplicación de recursos técnicos renacentistas: "El estudio a fondo de la estructura del retablo induce a pensar que hubo una primera traza gótica a partir de la cual se comenzaron a tallar y construir relieves, tallas y mazonería. Hubo también una primera traza de la viga gótica, en la que creemos que únicamente se consideraba instalar el Calvario, acompañado quizá de pequeña mazonería acorde con el estilo del momento. Pero, previamente al inicio del montaje del retablo, ya se acordó la instalación de la viga en la ubicación actual, para lo cual se diseñó una nueva traza que resolviese sus solicitaciones estructurales. Este nuevo diseño estructural -continúa-, además de ser un ingenio mucho más avanzado tecnológicamente que el entramado gótico del retablo, responde estilísticamente a una organización de simetría total renacentista. Ya decidida la ubicación de la viga y su conexión al retablo mediante el gran guardapolvo volado y solucionado el sistema de estabilización estructural de ambos elementos, se pudo construir la mazonería de todo el conjunto. Cualquier otro planteamiento que considere una instalación anterior de la viga de imaginería, de momento, carece de apoyo documental y desde el punto de vista material para nosotros resulta, a todas luces inviable tal como hemos argumentado con consideraciones constructivas".

La ubicación del retablo está condicionada por la organización sui géneris de la Catedral de Sevilla, marcada por la voluntad de los monarcas de reservarse la cabecera de la Catedral para fundar una Capilla Real que además sirviera de panteón a los miembros de la realeza. El retablo se tuvo que adaptar a esta exigencia y a las propias del culto, como refleja el arquitecto y restaurador en su estudio. El retablo se construye entre 1481 y 1526, en un momento de apogeo constructivo en la ciudad. Y los laterales entre 1550 y 1572. En 1504 comienza la ejecución de la viga del retablo, la parte más elevada, coronada por el calvario. "A la hora de asegurar la estabilidad del retablo se plantearon dos circunstancias que resultaron fundamentales en su diseño estructural. Por un lado la derivada de sus propias dimensiones y por otro la definida por la construcción del enorme guardapolvo de remate superior, que amen de tener que volar extraordinariamente sobre el plano del retablo debía soportar la gran carga de la viga".

La obra de arte no se limita a las pinturas y al derroche de oro que impresiona a los miles de visitantes de la Catedral. La obra de arte continúa por detrás. Y, lo que no es menos importante, se encuentra en un buen estado de conservación. Influye también a este respecto que a finales de los años 70 fue intervenido. Por aquel entonces, de acuerdo con los criterios de trabajo imperantes, se le añadieron elementos metálicos, pero sin mayores alteraciones. El trabajo de estudio que ahora se ha dado a conocer sirve para valorar otro tesoro escondido de la Catedral, partiendo de la base de que el conocimiento, el uso y la valoración son los tres pilares para aspirar a una correcta conservación del patrimonio histórico-artístico.

La terminación de esta obra es en la práctica la única gran obra de restauración que el Cabildo está sufragando en estos años de crisis, con más mérito aún porque los sucesivos presupuestos anuales han ido reduciéndose. Esta restauración comenzó en abril de 2012, cuando el Cabildo destacó que comenzaba el trabajo de recuperación del mayor retablo de la cristiandad, con 27,8 metros de altura y 20,10 de ancho. El proyecto, con un coste de 1,6 millones de euros y 28 meses de duración, incluye la retirada del polvo acumulado en las diferentes esculturas del retablo, que ha ido dañando. Se está efectuando un tratamiento de la madera con la restauración de los sistemas constructivos y estructurales, tras lo cual se afronta el tratamiento del dorados y de las policromías. Para esta obra ha sido necesaria la instalación de un gran andamio de doce pisos que cubre todo el retablo mayor, lo que ha permitido que la obra sea visitable de forma gratuita por el público previa solicitud al Cabildo Catedral. Tras la última restauración, realizada entre 1979 y 1982, los técnicos comprobaron la dificultad para conservar las policromías de temple y óleo, que supusieron un gran avance técnico en aquella época y se aplicaron sobre una gruesa capa de cola de animal para ofrecer una mayor calidad y calidad de los rostros, ropajes y otros elementos.

Este avance es uno de los mayores retos para la conservación del retablo en todas las épocas, porque la policromía superpuesta a la cola se desprende completamente y deja a la vista la preparación de la obra, según explicaron los técnicos en el arranque de la restauración.

Las continuas actuaciones de mantenimiento realizadas en su historia, en intervalos de tres o cuatro décadas, y la aplicación de materiales en la superficie han sido perjudiciales para la estabilidad de la obra de arte, a lo que se suman los movimientos naturales de la madera y los cambios ambientales del edificio.

Para la conservación y restauración del retablo se cuenta con un equipo compuesto por 50 especialistas, entre ellos restauradores, historiadores, químicos, biólogos, ingenieros, fotógrafos, dibujantes, carpinteros y electricistas. El coste de las obras se sufragará con los recursos propios de la Catedral, que tiene un presupuesto anual de 10 millones de euros, el 95% de ellos procedentes de la denominada visita cultural, que en septiembre registró un repunte después de varios meses de pérdidas, un periodo negro que ha obligado al Cabildo a ser especialmente prudente en las previsiones de ingresos.


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